miércoles, 30 de enero de 2013

"Madrina..."


No se me olvidará aquel día en el que tu madre y yo íbamos paseando por la calle Preciados de Madrid y sonó mi móvil.
No eran buenas noticias, pero la compañía no pudo ser mejor.
Yo hablaba y hablaba para convencerme de que a lo mejor se habían equivocado, ella tenía la certeza, es enfermera, y de las buenas, de las que no mira el reloj cuando tiene una necesidad enfrente.
Hubo casi un minuto de pleno silencio, pero decidimos seguir adelante, entramos en una tienda y me regaló un pañuelo que, te puedo asegurar, no me pongo demasiado para que no se me estropee, le tengo demasiado cariño.
Se lo tengo porque fue un símbolo absoluto de amistad y de unión ante lo que nos venía, se lo tengo porque ese gesto que dicen que trae mala suerte, que rompe amistades, es falso, completamente falso, la nuestra creció y ya ves hasta dónde…hasta ser tu madrina.
Tu madre es mi amiga, y será de las cosas de las que más orgullosa me sienta, ha estado en lo bueno, en lo malo, en la risa, en el llanto, en el suyo, en el mío, porque no creas, Francisco, ella también ha sufrido.
Fui testigo de muchas cosas, ¡¡hasta de su boda con tu padre!!, siempre la empujé a que fuera por el camino que más feliz la hiciera, el día en el que la vi con los ojos pletóricos como la veo ahora cuando te mira a ti, ese día, supe que habíamos acertado.
Pasó el tiempo y siguió siempre al pie del cañón, no flaqueaba nunca, siempre tiene una sonrisa para mí , siempre.
Trabajamos juntas, en lo obligatorio y en lo voluntario, porque no sé si sabes que tu madre tiene un corazón generoso y voluntario. Para mí hay pocas personas que dediquen tanta alma al ser humano por encima de otras muchas cosas, que prioricen y hablen horas y horas con un paciente porque está nervioso, que tenga una profesionalidad pasmosa y encima salve más de una vida en el sitio donde se mueve.
Es el cascabel del grupo a la hora de contar algo que ocurre, es mi “ama” en el teatro cuando hubo que representarlo, es la que llora con facilidad si ve que algo no es justo o le dañan su corazón, pero no solo lo hace por el suyo, sino por el de los demás.
Y de repente, un día, cuando pensábamos que era muy complicado, nos enteramos de que tú, mi rubito, sí, rubio y con ojos azules, vendrías al mundo. En ese tiempo en el que yo ya estaba muy cansada no pudo haber noticia mejor.
Acabas de cumplir un año y no me lo creo.
No puedo casi ni cogerte, eres un niño sano, grande, bueno, no protestas, no extrañas, acudes al cariño y al abrazo, despiertas sonrisas con la tuya y con tus ojos, duermes como pocas veces he visto dormir a un bebé, y me hiciste la persona más feliz del mundo aquel 26 de Enero en el que llegaste a la vida.
Yo no puedo traer niños como tú al mundo, lo que haré será recorrer el mundo para encontrar al que me está esperando, y por eso, tu llegada y que me pidieran ser tu madrina fue el regalo más inesperado y bonito de mi vida.
Me has traído ilusión, me las das cuando te veo, no hace falta que sea allí donde estés porque tu mami me manda tus imágenes para que no me pierda por dónde vas, pero me gusta olerte y tocarte, hueles a nuevo.
Serás un niño feliz porque tienes todo alrededor para serlo, y bondad la que no llegaremos nunca a descubrir, se te nota en esos andares de bebé que ya comienzan a asomar.
Cuando crezcas y yo esté como siempre, te llevaré a montar a caballo, el otro día me demostraste que lo llevas en algún gen perdido, eso, aparte de otras muchas cosas, será lo que te enseñe mientras crezcas.
Eso y que lo único que tienes que hacer en esta vida, Francisco, lo único, es descubrir lo que quieres, luchar por ello, ponerle fe y ganas por delante en lo que tú consideres y entonces…nada te parará.
Te quiere en el alma, tu madrina.
Sue

sábado, 5 de enero de 2013

"Y de repente, apareciste..."


Llegaste un día en el que tu tía Rafi y yo quemábamos la cocina de nuestra casa, tuvo que ser así para que nunca nos olvidáramos de tu nacimiento y el incendio. 
Eras la niña más esperada de la familia, la primera, la especial, la que nos robó el corazón desde el primer minuto en el que estuviste en el vientre de tu madre.
Por cosas del destino naciste en Madrid, no pude ir a verte de inmediato, pero recuerdo el momento en el que, con muy poquitos días, entraste en casa, tu madre te presentó a mí como al pequeño “Simba” en aquella fantástica cinta “El Rey León” y, como si de un cachorro se tratara, te puso en mis brazos.
Olías a gloria y solo supe llorar de alegría.
Eras el bebé más bonito que había visto jamás.

Creciste de nuestras manos, de la de tus padres, te agarrabas siempre fuerte a las mías cuando me veías, pasamos mucho tiempo juntas, no te llegaban los pies al suelo y aporreabas un piano que era diez veces más grande que tú, cantabas y bailabas como si hubieras nacido en el sur, eres madrileña, pero tus genes no.
Siempre fuiste especial, tenías respuesta para todo, preguntas incomprensibles para un adulto, formas de moverte que nos dejaban atónitos.
Me quedaba contigo, te leía cuentos que me hacías repetir de manera infinita, yo caía rendida, me dormía, y tú me despertabas a mí, al revés de cómo lo hubiera hecho cualquier otra persona mayor, era fácil acoplarse a tu mundo.
Nunca tuviste miedo al agua, en la piscina eras una experta nadadora desde los dos años, saltabas como una ranita y corrías a los brazos de quien estuviera dentro de la piscina.
Salvaste mi corazón muchas veces de la tristeza por algunas cosas que vivimos los adultos, viviste a mi lado mi primera ruptura, mi primer cáncer, eras una niña, pero siempre tuviste un sentido especial para hacerme sentir a mí con serenidad.
Ahora volvemos a la lucha, volvemos a reunir miradas y encontrarnos en el abrazo y el amor inmenso que nos tenemos,  mucho más allá de que seas mi sobrina la mayor, mucho más allá de cuando ahora te veo con casi 14 años y con tacones no me lo pueda creer, mucho más allá de todas las circunstancias que nos ha traído la vida.
Solo te pido que vayas descubriendo hacia dónde quieres ir, ya lo sé, sé que es pronto, pero si vas viendo lo que te apasiona o entusiasma, poco a poco, esas ganas harán de ti una mujer valiente que luchará hasta conseguir lo que persigue porque, Alba, tú eres capaz de eso y de mucho más.
Ayer vimos juntas la película “Brave”, como tú, indomable, pero la protagonista aprendió a que el destino no se puede manipular ni cambiar por culpa del orgullo, sino ir encauzando sentimientos para llegar al amor verdadero.
Es curioso, pero ahora eres tú la que tira de mí, tú y tu hermano, y toda la familia, tú, ese bebé con el que tanto soñé y que hoy es una mujercita que acaricia mi alma y besa mi cabeza desnuda  y me hace sentir pequeña ante tanta ternura.
Te quiero, ratón.
Así te solía llamar, ratón.
Te quiero, ¿recuerdas hasta dónde?...tú solías decirme: hasta el infinito.
Dejo aquí, con tu permiso, un mensaje que me dejaste hace muy poquitos días escrito y que guardo como oro en paño, es lo más hermoso que me han dicho en todo este tiempo de lucha.

“Tita, ¿sabes lo que llegaría a hacer por ti?. Me iría al fin del mundo (ida y vuelta), te tendría en una casa llena de animales, te quitaría los dolores, te devolvería tu melena y te llevaría de viaje conmigo. Como eso no puedo hacerlo, solo me queda esto de escribirte y demostrarte lo que eres para mí. Siempre fuiste el prototipo de campeona que yo quise ser de mayor. ¿Sabes lo que me preguntaba yo de pequeña?: “a mi tita Sue le tienen que querer los niños porque es la mejor”, te prometo que así lo pensaba.
Solo tuviste que esperar a que llegara Juan, aunque lo hubieras pasado mal antes…ha merecido tanto la pena.
Después te casaste y tuviste una boda “requetegenial”, ahora toca el cáncer.
Mírame a mí diciéndote que qué más da si encontraremos la solución, porque la tiene. Podría haber sido peor, pero la vida ha decidido que no.
No sé si Dios existe, pero si existiera, lo tienes pisándote los talones porque vas a un ritmo genial. No le da tiempo a seguirte, jejeje.
Debería preguntarte: “Tita, ¿cómo llevas lo de la quimio y eso…?”, pero no, hoy no.
Hoy te voy a decir que a ponerse las pilas, que hay que disfrutar los días que puedas, que la vida pueden ser tres días y tú ir por el segundo, ¿vas a desperdiciar algo de tu valioso tiempo? ¡¡¡No!!!
Encuentra con lo que entretenerte mientras y sigue adelante.
Te quiero mucho, Tita Sue.

Ante esto no puedo más que decirte, mi niña del alma, que eres medicina para mí en este tiempo, no me sueltes nunca, porque si me sueltas…me pierdo.
A pesar de tus trece años, eres una mujercita que llegará donde quiera si abre bien los ojos, yo no me separaré de tu mano, recuérdalo: NUNCA.
Tu tita Sue



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