domingo, 16 de mayo de 2010

Sí, te seré fiel...


Te seré fiel mientras Dios tenga esa salud de hierro que parece tener….

Todo lo que rodea a la amistad tiene un espacio que me envuelve y me cautiva. Es uno de los sentimientos más hermosos por los que paso en esta vida que me lleva sin freno.

Hoy quiero que este post te llegue como aire fresco, que no te deje indiferente. Cuando pienso en cómo se mantiene una persona fiel a otra aparece tu rostro.

Nos conocimos hace dieciocho años, en el mismo sitio donde las dos llevamos a cabo esa pasión que tanto nos hace vibrar. Nunca hiciste un movimiento que me hiciera temer, nunca espantaste mis instinstos, jamás te expusiste a perder lo que con dulzura, espacio, tiento y buena fe, habíamos creado. Me has enseñado todo lo que sé en este mundo de locos, todo, me has mostrado la puerta de la profesión más bella del mundo, me has descubierto la prudencia y el respeto, el mediar y el saber estar, el calmar voces y gritos que se habían desbocado tan sólo con un gesto y una palabra, eres la mejor profesional que conozco en esto a lo que nos dedicamos. Me enseñaste a querer a los enfermos, me llevaste a que naciera en mí un corazón compasivo, me pusiste en bandeja el papel del primer plano, ya sabes, tú y yo siempre vamos de la mano, yo soy un poco más mandona, tú siempre elegiste la fila de atrás. Hemos reído juntas, gritado y hasta nos hemos enfadado seriamente, nada que no terminara con el mayor de los abrazos y el rescate de nuestros sentimientos. Tienes el don y la capacidad de hacerme feliz. Tienes la magia de hacer que, por las mañanas, cuando recuerdo que voy a un psiquiátrico a trabajar, adore lo que hago y desee compartir mi jornada contigo, tienes la chispa que se necesita para cargar con tanto sufrimiento ajeno de golpe y encima hacerlo bien.

Pegada a ti no temo, no tengo dudas de que todo irá bien, el día que no vienes te echo profundamente de menos. La profesión que tenemos nos hace estar sensibles y vulnerables todo el día, el apoyo incondicional que me brindas mantiene mi mente en plena forma, sin caer en la tristeza, buscando la solución mejor para todo el que venga con algún sufrimiento.

El día que te dije que tenía cáncer se te cambió la cara, no se me va a olvidar nunca, lloramos un rato sin decirnos nada, pero al instante tu abrazo me hizo saber que, en ese caos absoluto que iba a ser mi vida, jamás dejarías de estar a mi lado. Un 21 de Noviembre tú cumplías años y yo volvía a la vida, nunca me soltaste, nunca más te separaste de mí, recuerdo que venías a casa y pasabas las horas conmigo, con el único objetivo de que ni por asomo perdiera las fuerzas que todos pusísteis de golpe. Compartimos la fe, una fe propia, nuestra, diferente, sin norma ni regla, una fe libre que nos ha regalado la libertad. Sabes bien que aquel tiempo cambió mi vida, que decidí no pasar de largo nunca más ante alguien que se cruzara en mi camino, y prometimos regalar sonrisas donde hubiera necesidad, yo lo aprendí entonces, tú llevabas muchos años haciéndolo.

Y ahora que me siento a escribir esto quisiera describir con palabras lo que es la fidelidad. No he sabido, ha llegado a mi memoria la foto que te muestro, esa foto dibuja un vínculo que no se rompe, un lazo que no se quiebra, una relación de amor más allá del hecho de ser humana y animal.

Quisiera poder poner palabras a lo fiel y no las tengo, tan sólo si cierro los ojos lo consigo y me viene a la mente tu ser, la fidelidad tiene rostro de mujer, es entonces cuando busco entre mis letras y encuentro tu nombre, y al pronunciarlo sé que ese nombre de flor siempre permanecerá conmigo.

Gracias amiga, gracias compañera, nunca olvides que seguimos juntas, por malos que puedan ser los tiempos.

Te quiero

Sue

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