viernes, 16 de abril de 2010

"Esas manos..."


Esas manos llevan consigo un lazo casi invisible que hace que mi sentido se remueva.
Cincuenta y nueve años, casi sesenta, enlazados, no pasan desapercibidos para mí.
Miro esta foto y viajo en el tiempo a miles de lugares que nunca conocí, a sentimientos que jamás rocé, quizá por destino o por capricho de la vida no tuve esa suerte.
Esas manos traen a mi mente aire de fidelidad, de espera en el cansancio, de temple y horas empleadas, de maravilla atravesada con el mejor de los sentimientos. Esas manos dibujan una historia de amor perfecta con la que quisiera soñar y despertar para siempre.
Si cierro los ojos y juego a dibujar un trazo perfecto de lo que me dicen las imágenes lo tendría fácil. Imagino a un hombre libre, con la sensación limpia del que se gira en el aire a merced del motor de un Messerschmitt-109, y tan sólo siente el mundo bajo sus pies. Dueño y señor del cielo, y el mismo espacio haciéndole feliz. Si cierro los ojos y los aprieto con fuerza imagino la cara dibujada en su rostro después de haber atravesado caminos que seguramente no hubiera querido atravesar. Un barco “Uruguay” que lo esperaba queriendo acoger a un corazón indomable y valiente, o una España perdiendo el juicio ante lo que seguro que esas manos buscaban, la paz y la coherencia.
Si aprieto con fuerza mis ojos puedo ver una plaza Sant Jaume feliz de ver a quien ese día el cielo traía al mundo. Unas manos que en algún lugar agarraron con fuerza a las de Alfonso XIII, en los inicios de la pérdida total de cordura de un pueblo que quiso decir basta.
Si aprieto con fuerza los ojos, soy capaz de ver esas manos ya arrugadas, mucho antes de asirse para siempre a la mujer de su vida, luchando por lo que siempre creyó que traería la libertad al hombre.Esas manos creyeron en la fidelidad y en el trabajo, ojalá se sintieran recompensadas en la lucha, ojalá.
Esas manos me hablan de lo eterno, de lo que no se destruye por mucho que el vendaval se empeñe en soplar con fuerza. Me regalan amores de trastienda en años de carencia, donde lo más difícil era decir “hasta que la muerte nos separe”, ya que eso podía ocurrir demasiado pronto.
Si aprieto con fuerza mis ojos, veo unas manos que tuvieron que arremeter contra lo que tocaba vivir y saltar más allá de lo confortable, pensar en lo coherente, y decidir con el más puro corazón que se hubiera visto.
Si aprieto con fuerza mis ojos veo a un ser humano que se jugó el tipo por ser fiel a su conciencia, mentes así quedan pocas en esta vida, yo conocí a una de ellas.
Si de repente abro los ojos y no me gusta lo que veo, los vuelvo a cerrar para retomar las vidas de los que sí se movían con honestidad. Aunque estos ojos jamás la han visto, me viene al recuerdo el semblante de una mujer, su mujer, que supo agarrarse fuerte y ser el timón de la vida del que a su vez era veleta.
Quiero cerrar los ojos, dibujar personas como las que hay detrás de esas manos, que nunca se me olvide que el amor puede ser eterno y que los sentidos pueden mover este círculo hermoso de la vida.
De la unión de esas manos nacieron otras que llevan el sello de la fidelidad y la templanza.
Ya no quiero nada más, hoy no, hoy tan sólo quiero mirar esas manos…
Con cariño, con muchísimo cariño.
Sue
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