sábado, 13 de febrero de 2010

"Haciendo posible lo imposible."




Miro esta foto y me emociona profundamente.
Ha sido un post en "Lo que me sale del Bolo", lo que me ha hecho no poner freno a mis manos y dar rienda suelta a lo que despierta este hombre en mí.
Hay palabras que me llevan, de forma inesperada, a lugares muy lejanos a este al que pertenezco.
Hay que tener el corazón muy limpio para arremeter contra toda dificultad, saltar todas las vallas impuestas en la vida, seguir firme con el alma por bandera, y conquistar tierra de nadie sin imposición alguna, tan solo desde el convencimiento puro de que merece la pena luchar por los más pobres y aquéllos que no saben ni qué van a comer un día tras otro.
Hace tiempo que una amiga me regaló el libro "Un pacto de amor", de Anna Ferrer, y es hoy cuando lo he desempolvado un poco y recordado lo que me fascinó aquel día, cuando leí las letras apasionadas de su compañera de camino.
Unos comienzos sin certezas, un destino borroso, una línea lejana en la cercanía. Como moneda de cambio el ímpetu, como recompensa: no saber lo que pasaría al día siguiente.
Vivir sin sentir seguridad de nada de lo que ocurra, no saber si tendrás dinero o no, si la comida llegará a los más pequeños, no palpar lo firme de la propiedad, y aún así ser completamente feliz, eso es toda una lección de vida.
Un misionero español que un día comienza a trabajar con los más pobres en Manmad, un hombre al que invitaron en más de una ocasión a abandonar el país porque algunos se dan cuenta de que el amor revoluciona a las masas. Un tipo que no dudó en ir allá donde hubiera una buena causa por la que perderse a él mismo, un espíritu que decide quedarse a miles de kilómetros de sus raíces, levantarse al lado de los campesinos y enseñarnos a los demás el poder de la entrega.
Un jesuita que deja sus túnicas por convencimiento puro de que éstas impedían su camino hacia el lugar que nacía de sus adentros. Un ser humano que sabe que la templanza y la serenidad debían ser el estandarte y lema de su trabajo, un caminante que encontró a su compañera perfecta, Anna, aquella que le prometió que siempre permanecería a su lado, y así ha sido.
Dos titanes regados por la sencillez que se preguntaban día tras día: ¿qué tengo yo para intentar que las cosas cambien?, y ¿qué capacidad tiene el otro para hacerlo posible?
Hoy, el título de este post hace honor a uno de los capítulos del libro que antes mencioné, porque creo firmemente en personas que hacen posible lo imposible, porque creo en los que dan oportunidades a los demás, una tras otra, porque siento profundamente la huella que dejan los que se dejan la vida pegada a la tierra para que otra germine, porque doy fe de que nada del encuentro entre estas personas fue por casualidad , y eso no puede dejarme indiferente.
Empezó con sus manos amasando las manos de otros, llevó el ejemplo a los poblados y lo hizo costumbre, ayudó a crecer a muchos y hoy, desde aquí, pongo mi granito pequeño de arena para que toda esta labor sea reconocida.
En mi pensamiento más infantil creí que el premio Nobel de la Paz era algo que se daba a la gente buena y ya está, algo que debía caer por su propio peso, que nada podría hacer dudar a los señores que daban su voto o decidían cuál había sido el ser más puro entre los puros. Un poco inocente fui, la verdad. Y como hoy compruebo que no es así, no me retiraré sin intentarlo. Ya hice volar a mi paloma dos kilómetros, espero que seamos muchos los que la veamos volar. Y lo digo porque merece la pena, lo escribo porque creo firmemente en personas como Ferrer, como Vicente Ferrer, al que muchos llamaban "Father", porque creo en alguien que sabía sus límites y sus defectos, pero que no dejó nunca que le apartaran del intento. Era un hombre de fe, la suya, la propia, la personal, pero de fe.
Espero que estos señores noruegos sean capaces de mirar a través de los ojos de nuestro español incansable,sepan valorar lo que unas manos llenas de vida entregaron en su día, y miren en un lugar de la India hacia aquello que hoy todavía sigue latiendo. Anantapur, una tierra donde vive la esperanza.
Un abrazo.
Sue
http://www.nobeldelapaz.org/


domingo, 7 de febrero de 2010

"Nunca lo imaginé..."

Pues no, la verdad es que nunca pensé que esto llegaría a cumplir un año de vida. Lo leo, lo miro, lo reviso, lo encuentro y me encuentro en sus palabras, las que fueron mías un día, y no me lo creo.
El tiempo, las prisas, la salud, la vida, las horas, todo ha hecho que cada día de escritura fuera más difícil de encontrar. Pararme a derramar sentimientos e intimidades no fue fácil, pero sí placentero. Os he conocido, os he descubierto, me habéis seguido, he podido sentir la fidelidad, esa que tanto valoro de las personas que rondan cerca de mí.
Unos llegaron porque me conocían en persona, otros por nuestro bendito Bolo, otros por caminos que ni sé. Todos habéis tenido algo que decir y aquí, en mi alma, ha quedado guardado.
Ha sido un año de vivencias, de sentimientos, de pasiones y risas, de energía, también, a veces, de llanto.
Ha sido el año de las ausencias, y parecerá una tontería, pero el escribir en este pequeño escaparate de mis adentros, y que las personas que están lejos puedan saber de mí, eso, esa chorrada me ha hecho mucho bien.
Muchas veces le di más de lado, otras lo mimé cada poco tiempo, sea como sea, ha sido mi rincón, mi casa, y todo el que ha querido ha sido bienvenido.
Hoy cumplimos un año.
Un día como hoy comencé mostrando mi mano, hoy os abrazo con firmeza y alegría con la misma mano de entonces pero a la que le sigue el cuerpo entero. Esta soy yo, me descubro para haceros llegar este gesto de querer que podáis sentir parte de mi alegría. Cumplir un año de blog lleva por dentro muchas victorias ganadas, no sólo es un año de blog, significa mucho más, nunca lo imaginé...
Hay personas que fueron especiales en esta andadura, en este mundo mágico de la comunicación sin más, en este mundo del cariño por vías que nunca pensé.
Nyra, Cata y Aurora. Me regalaron risas con sus discusiones y diálogos enlazados, me animaron en muchos momentos, me dieron alegrías con el anuncio de la llegada de un ser nuevo, me hicieron saber lo que es el lazo invisible de la cercanía en la distancia.
A ellas gracias desde mi corazón, a todos gracias igualmente, a todos, todos me habéis hecho sentir como niña con zapatos nuevos.
Habéis sido guardianes de mis sentimientos y vigías de mis pasos.
Hay dos seres maravillosos a los que dedico todo el ímpetu de estas líneas, de estas andaduras, de este abrirme y contar, de este sentir sin sentido. Dos que brindan conmigo al unísono de una copa, dos que piden a la vida por la amistad y por la alegría. Dos que son más que dos y si se suman somos tres, pero nunca se podrán restar. Ellas tienen almas de ardilla y de buey. Desde aquí decirles que en el mundo de los animales nunca una tortuga fue más feliz con semejante compañía. La una pone la fuerza, la confianza y el ímpetu, la otra me trae la rapidez, la serenidad y el sigilo. Son grandes, muy grandes.
Deciros que, por supuesto, la vida sigue estando por delante, que no hay ni una sola de nuestras experiencias que debiera ser borrada, ni una. Sólo hay que saber leer en positivo y sacar aquéllo que nos haga ser un poquito mejores. Cuando el viento sopla de frente se cierran los ojos, pero si se quiere, se disfruta del sentir el aire en la cara.
Nada podrá hacer que me rinda, sí que me canse, pero nunca que me rinda, y con manos tendidas al abrigo de las letras, todo es mucho más sencillo. ¿Seguimos otro año?
Os llevo a todos en mi alma.
Con mucho cariño
Sue
PD: Eli, yo también te quiero. "Señor de las llaves", no temas, regresé para quedarme.




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