lunes, 11 de enero de 2010

Bueyes y tortugas...





No es mi hora de escribir, es hora de estar durmiendo, pero la vida es imprevisible y mi cuerpo y mis ganas también.Tengo una amiga, una gran amiga que desde el día en el que me dijo: “Vamos adelante”, en vez de “ve tú adelante”, me robó el alma, esta que me queda en días en los que pienso que todo podía ser diferente.Ella es un buey, es un animal que es capaz de tirar de quien no tiene fuerza para llegar al límite de lo que se plantea. Saca valor de donde no lo hay, y no lo saca para ella, que también lo hará cuando le haga falta, pero esta vez me lo hizo llegar y taladró mis sentimientos.Un buey es el que arremete contra todo imprevisto, un buey es el que por encima del mandato saca energías y las da por llevar a otro adelante, un buey es el que se le olvida que sobre su cuello pesa un yugo, lo suelta y ofrece su fuerza para envestir contra lo que la vida irremediablemente ofrece, aceptar no es fácil, con ella lo es.Es mi amiga, y la quiero. La quiero porque no se lo pensó dos veces, cambió el “tú” por el “nosotras”, y no hay nada que calme más un corazón cansado que escuchar en primera persona que hay alguien dispuesta a perder parte de sus fuerzas por ir a buscar al que se cansó.


La tortuga soy yo, pero no una tortuga normal, no. Una tortuga que ha aprendido que las metas no se planean a grandes escalas, sino en pequeños pasos. Si hoy venzo un minuto de angustia, es un minuto de gloria, eso me lo enseñó el gran buey que está dispuesta a tirar del carro. Esta tortuga sabe que llegará, le hará falta más tiempo, porque sabe que no es infalible, que de caídas también está hecho su camino pero una y mil veces que caiga, remontará.Me dijo un día algo que guardaré para siempre: poco a poco, minuto a minuto, un minuto que puedas vencer es un minuto ganado.No habrá tiempo para agradecer esta fuerza que me transmite, no hay tiempo para ser yo quien asuma el arado y tire por ella, no sé cómo decirle que para mí la vida es esto, encontrar tesoros que se guardan eternamente.Sí, siempre fui mujer de lucha, sí, en cuatro años flaqueé muy poco, pero ha bastado un solo desliz para saber que no caigo sola. Caeré mil veces, y otras mil levantaré.La vida merece la pena, y la merece porque encuentras en el camino personas que olvidan su ego para pasar a coger fuerte las riendas y tirar de ellas. Ojalá se lo pudiera devolver en algún momento, ojalá me revista de liebre libre y pueda ofrecerle ímpetu para seguir allá donde le duela, siempre me tendrá cuando le duela.Hoy, me quedo con la sensación maravillosa de sentir que en esta lucha de la vida nunca se camina solo, nunca, por mucho que la noche se haga larga, por mucho que el cansancio llegue, por mucho que con 32 años tenga la sensación de que he vivido demasiado y ya toca sentir otras cosas. Tengo las que tengo, no las desprecio, tan solo vivo y siento que nunca está todo perdido, y cuando parece que nada tiene sentido aparece una fuerza que resucita lo que no fue capaz de salir de mí misma.Gracias, amiga, gracias, y aunque te eche de menos has sabido marcar momentos en los que jamás sentí que esta guerra era luchada por una débil como yo que, aunque ahora no lo vea, conquistará el océano tan deseado, ése al que llegan las tortugas cuando tienen ganas de vivir.


Un abrazo


Sue
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