lunes, 19 de octubre de 2009

"Saber esperar."



Nunca supe, es algo que tuve que aprender con el paso del tiempo. Siempre quise ir escribiendo mi propio futuro por delante de él mismo. Todo era "ahora y ya".
Pero la vida es muy sabia, y me regala oportunidades para saber que el saber esperar es una de las armas de supervivencia más poderosas que tenemos para enfrentarnos a lo que nos toque vivir.
Mi torpeza en este ámbito ha sido gigante, dañé muchas situaciones por el ansia de la impaciencia, quise comerme el mundo y el mundo me comió a mí. Pero como la vida está siempre por delante para acudir en mi ayuda y sorprenderme, me puso frenos en el camino que me hicieron aprender bien la lección.
El que espera se hace grande, se reviste de sabiduría, se empapa de experiencias que le devuelven la confianza en la vida y las ganas de vivir expectante a lo que ocurra, y no ansioso por lo que no llega.
Si no hay plan en mi cabeza, si me siento a verlo venir, con calma, sin carreras, con serenidad, al final lo que llega es bien recibido.
Me gusta sentir esa lección aprendida como una de las que me dan capacidad para saber que el que espera no se arrepiente si la espera se lleva con quietud. Porque de algo estoy segura, si no corro no caigo. Ahora mismo, en este momento en el que me encuentro, no tengo otra opción que la de sentarme a tener esperanza en que todo llega, todo pasa y todo queda. No tengo prisa, veo a la gente correr de un lado a otro por la calle, por las aceras, por las casas, yo no tengo prisa. Lo percibo todo como una película que pasa rápido a mi lado pero que esta vez no va conmigo, no tengo ansias por llegar antes, pero sí esperanzas en llegar y que lleguen las cosas que me seguirán abriendo camino.
El saber esperar de otros me enseñó el mío también, y el saber que no hay ni un ápice de lo que no puedo controlar que deba alterar mi corazón. Si no lo puedo cambiar, pues entonces esperemos a la mejor opción y entonces elegiré, pero adelantarme a lo evidente, no.
Saber esperar es tener la certeza de que algo grande te espera aunque hoy no sea visible a mis ojos, saber esperar es poseer la esperanza de que lo que esté por venir cogerá mi mano y me invitará a bailar al unísono, y entonces ya no habrá noches de miedo y de incertidumbre. Saber esperar me ha hecho en muchos momentos fuerte, y me ha dado la oportunidad de crecer y sentir que merece la pena la espera. Sin condiciones, como por sorpresa, sin miedo, siempre todo puede ser mejor de lo que esperas, así lo he vivido.
El mar me enseñó muchas veces, como se ve en la foto, que saber cuándo es el momento justo de subirse a la ola lleva mucho tiempo de mirar y dejarse balancear, guardar la calma y el equilibrio, para cuando asome, subir a la tabla y deslizarme hasta la orilla, con la certeza de que la espera valió la pena. Coger la ola equivocada me ha llegado a destrozar la piel.
Saber esperar colma de quietud, de espacios de silencio, de soledad en la espera, pero estoy convencida de que, aunque no se vea más allá de lo que en ese momento vivamos, la espera, tanto si es dulce como si es amarga, trae su recompensa.
Yo estoy segura, me encantaría poder traspasar esta pantalla y a todo el que espere decirle y sellarle en su corazón que: la espera , al igual que la vida, puede ser maravillosa.
Sue
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