lunes, 15 de junio de 2009

"Je ne regrette rien..."


Fui tan feliz por las calles de París…
Recorrí tantos rincones y se hizo tan especial esta ciudad, que si ahora mismo me dejaran volar y en diez minutos pudiera estar donde deseara, quisiera tener los pies puestos en la plaza de los pintores del barrio de Monmartre.
La vida nos regala muchas oportunidades de saborearla minuto a minuto y traernos en el recuerdo, imágenes que nos alimenten, durante mucho tiempo, esa sensación de placer inmediato que se siente cuando te viene a la cabeza algo que gusta mucho. Es una mezcla entre deseos de repetir y no querer hacerlo por si el momento nuevo dañara en lo más mínimo al anterior, por eso, hay veces que no quiero volver a sitios y revivir días que para entonces fueron maravillosos, ya que temo poder estropear la magia vivida. No es así como quiero caminar, no. Por mucho bien que haya recibido de algo, si tengo la oportunidad de retomarlo de nuevo y jugar con el riesgo de sentirlo de forma distinta: iré. Quiero hacerlo, y quiero porque todo es una nueva oportunidad. Las cosas vividas al día son nuevas oportunidades, y nunca son lo mismo, de todo se puede saborear algo nuevo. Así, aprendo a guardar lo mejor de cada cosa, y si lo que vivo ya ha sido vivido antes, pues nunca quedarme con lo que fue un cambio para mal, sino lo que me brinda el sentir la oportunidad como arma.
Je ne regrette rien…no, no me arrepiento de nada, no quiero, no quiero vivir con la culpa del pasado sobre mi cabeza, no es sano, no me deja ser libre. Asumir es una palabra compleja, pero posible. Ese es el título de esta canción, de una de las mujeres más apasionantes de la cultura francesa. Un alma arriesgada y valiente, con coraje y con fuerza que desafió a los planes de la vida, arremetió contra ellos e hizo de su voz una tabla de salvación para su corazón. Al final de sus días aseguró que no se arrepentía de nada, que todo estaba bien hecho, lo bueno, lo malo, todo pagado y cumplido.
De la mano de la culpa, muchas veces, viene el miedo y con el miedo la sensación de no ser capaces de movernos del sitio donde estamos. El miedo es algo que nos deja quietos sin poder ser nosotros mismos, se aprende, se hereda, se hace grande, se multiplica…pero también se puede frenar. Nacemos con el poder innato de no temer a nada, o a casi nada, el miedo es algo que vamos metiendo en nuestro cuerpo según van llegando los estímulos de fuera. Qué pena que no podamos ser más libres. Leí una vez que la culpa era de los peores sentimientos porque nos dejaba anclados en el presente por algo que ya pasó, esa sensación es horrible, y también nos quita libertad. Y es curioso porque a veces nos nacen las ganas de no querernos liberar de algo aunque estemos presos, porque la costumbre o el no saber vivir de otra forma nos hace permanecer quietos. No quiero vivir así, quiero soltar el lazo y romperlo para siempre.
Hoy, quieta ante los misterios de esta vida, si pienso en cómo no me quiero sentir me contesto a mí misma que no quiero pasar por vivir con falta de libertad. No quiero para mí estas sensaciones, quiero desterrarlas a donde no llegue ni mi recuerdo, ni mis sentimientos, ni mi fe. Hoy las condeno a vivir en el olvido, y si vuelven en algún momento, que sea sólo para aprender de la parte que toque, pero nunca para poner raíces en el lugar de donde yo las arranqué.
¿Qué hacer para no temer tanto que mis pies se queden fijos sin moverse?: INTENTARLO AUNQUE ME TIEMBLEN HASTA LAS PESTAÑAS, aunque sude en el intento, aunque pierda horas de sueño por el camino, es cuestión de tiempo. Con el tiempo llega el cuerpo a relajarse, tanto, que ya no te importa qué es lo que te rodea, y a la cabeza no llegan imágenes negativas de lo que hay al lado, sino algo completamente inofensivo, como en la maravillosa foto que encabeza este post.
Para eso he de empezar a poner de mi parte…y creo que lo he conseguido.
"Car ma vie, car me joies, aujour`hui…CA COMMENCE AVEC TOI."
¿Podré algún día montar en moto de nuevo?...quién sabe.
Sue
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