martes, 14 de abril de 2009

"La vida de las palabras"


No es lo mismo estar que permanecer, ni tampoco oír que escuchar.
No es lo mismo hablar que gritar, ni andar que caminar. No es lo mismo amar que querer, ni morir que dejar de vivir.
No es lo mismo.
Mil veces damos por hecho un significado de algo cuando ese algo ni siquiera estaba pensado para ser dicho. No es lo mismo abrazar que apretar ni es lo mismo callar que no hablar. La duda de lo que la palabra quiere decir siempre estará en el que la lee, porque cada persona le da el matiz que en ese momento le condicione por lo que esté viviendo.
Las palabras son lo que son, pero no resuenan en nosotros de la misma forma según cómo y quienes las digan. No es lo mismo leer “Romeo y Julieta” estando enamorado que leerlo sin haberlo estado nunca, no es lo mismo.No es lo mismo esperar que aguantar, ni vivir que sobrevivir.
Dicen que las palabras se las lleva el viento, no lo creo, las palabras quedan en lo profundo del ser si han sido albergadas con el corazón.
No es lo mismo tener el alma aterciopelada que el corazón de terciopelo, no es lo mismo. No es lo mismo pasar frío que tener frío, sentir calor que tenerlo. No es lo mismo vivir con esperanza que sobrevivir esperanzado. Ese poder nos regalan las palabras, el poder de decir lo que queremos y dejarlo grabado para siempre.
No es lo mismo perdonar que olvidar, ni tampoco olvidar para no querer perdonar nunca, no, no es lo mismo.
No es lo mismo decir ”te quiero” que decir “te necesito”, como tampoco es lo mismo decir “aléjate” que decir “espérame”…
Me paro y pienso que tantas veces dejé pasar algo grande por no querer oír lo que se me quiso decir…No quiero, ya no quiero vivir de suposiciones que haya fabricado mi lenguaje, quiero saber qué me dicen las palabras de otro y tener la certeza de no haberlas hecho mías y a mi forma, sino buscarle el sentido que quiso regalarme su dueño, porque las palabras cuando salen de dentro tienen dueño, cuando llegan a mí son prestadas, cuando miro a los ojos y las entiendo en su grandeza entonces sí son regaladas, y entonces, sólo entonces, puedo tener el privilegio de guardarlas y hacerlas mías.
Palabras que nos dan vida, palabras que nos la quitan, palabras que nos hacen reír sin control, otras que nos dan pánico o nos hacen temer.
El poder de la palabra es maravilloso, lo secreto de ellas un misterio.
¿Quién dijo que las palabras se las lleva el viento?, si eso es así, cierro la ventana para que nunca se marchen, porque son las palabras dichas las que hacen que mi corazón lata más rápido, aceleren mi pulso o incluso me olvide de que el tiempo es tiempo, existe y pasa.
No hay nada más hermoso que una palabra dicha a tiempo, y de ellas alimento mi vida.
Quiero vivir oyendo lo que dicen otros, con eso me basta, hoy me basta, mañana…nunca sabré qué pasará mañana.
Sue


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